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© Copyright Rafael Serrano esguerra

PGYTECH OnePro Ultralight 30L: viajar ligero sin renunciar al equipo fotográfico


Una de las decisiones más difíciles cuando se prepara un viaje fotográfico no es qué cámara llevar, sino qué equipo estamos dispuestos a dejar en casa. Quienes hacemos fotografía de naturaleza conocemos bien el problema: siempre existe un objetivo adicional que podría ser útil, otro cuerpo que puede servir como respaldo, un filtro que quizá necesitemos, un trípode, baterías, tarjetas, computador, ropa para diferentes condiciones climáticas y una larga lista de pequeños accesorios que, individualmente, parecen no ocupar demasiado espacio, pero que juntos terminan convirtiéndose en varios kilos.


Esta situación se vuelve todavía más evidente cuando el viaje implica desplazamientos en avión. Llevar una mochila fotográfica grande y pesada puede ser incómodo desde el momento en que llegamos al aeropuerto y, dependiendo de la aerolínea y del tipo de tarifa, también puede convertirse en un problema por las restricciones de tamaño y peso.



Es precisamente en este escenario donde me parece interesante la PGYTECH OnePro Ultralight 30L.

La primera impresión es que PGYTECH intentó alejarse del concepto tradicional de mochila fotográfica voluminosa y construir algo más cercano a una mochila de trekking, pero con una solución específica para transportar equipo fotográfico. La OnePro Ultralight 30L tiene una capacidad nominal de 30 litros y un peso declarado de 1,45 kg, aunque este último corresponde a la mochila sin algunos de sus accesorios y elementos internos. Está fabricada principalmente en nylon y cuenta con una estructura que busca mantener una buena distribución del peso sin convertirla en una mochila excesivamente pesada.


Y esta combinación es, probablemente, una de sus características más interesantes: no está pensada únicamente para transportar cámaras.

El concepto híbrido: fotografía y viaje


Durante muchos años, las mochilas fotográficas han seguido una fórmula bastante similar: un gran compartimento acolchado, divisores para los objetivos, acceso para la cámara y algunos bolsillos adicionales. Funcionan muy bien cuando el objetivo es transportar equipo, pero no necesariamente cuando queremos utilizar la misma mochila para viajar.



La OnePro Ultralight 30L propone algo diferente. Su sistema interno de almacenamiento fotográfico es modular y puede plegarse o retirarse, permitiendo transformar parte del espacio destinado originalmente a cámaras y objetivos en un compartimento para otros elementos. PGYTECH indica que la configuración fotográfica puede albergar hasta una cámara y cinco objetivos, aunque esta cifra debe entenderse como una capacidad máxima orientativa, pues el tamaño de los cuerpos y especialmente de los teleobjetivos determina cuánto equipo podremos transportar realmente.


En la práctica, esto significa que la mochila puede cambiar de función dependiendo del viaje.

Podemos utilizarla como una mochila principalmente fotográfica durante una jornada de trabajo y, al día siguiente, reorganizarla para transportar ropa, accesorios personales o elementos necesarios para una excursión. También dispone de espacio para un computador portátil de hasta 16 pulgadas, algo que resulta especialmente útil cuando el viaje combina fotografía con trabajo o edición de imágenes.

Para mí, este concepto resulta mucho más interesante que simplemente tener una mochila con muchos litros de capacidad.


La pregunta no es cuánto podemos meter dentro, sino cómo podemos utilizar el espacio disponible.

30 litros que pueden crecer


Otra característica que diferencia a la OnePro Ultralight de una mochila fotográfica convencional es su capacidad de expansión.


En su configuración normal, la versión de 30 litros tiene unas dimensiones externas de aproximadamente 55 × 33,5 × 14,5 centímetros. Sin embargo, el sistema superior tipo roll-top y el compartimento frontal permiten ampliar considerablemente el volumen disponible. PGYTECH señala que la altura puede llegar hasta aproximadamente 70 centímetros cuando se encuentra completamente expandida.


Esto tiene una ventaja evidente cuando estamos viajando. Aunque el morral completamente expandido puede quedar abierto y se podría perder algo o afectar su ergonomía.

No necesariamente necesitamos utilizar los 30 litros desde el primer momento. Podemos mantener la mochila relativamente compacta durante un vuelo y utilizar posteriormente la capacidad adicional cuando estemos en campo. Una chaqueta, una capa impermeable, alimentos para una jornada, accesorios o incluso algunos elementos que adquirimos durante el viaje pueden encontrar espacio en estas zonas de expansión.


El compartimento frontal también puede utilizarse para transportar elementos voluminosos, como un estabilizador o una bolsa de hidratación, según la configuración.

Esta característica convierte a la mochila en algo más versátil que una simple mochila para cámara.

El sistema de suspensión: cuando los kilos importan


Pero si hay algo que merece especial atención en esta mochila es el sistema de transporte.

La versión de 30 litros incorpora el denominado AceFrame Suspension System, un sistema de doble estructura que mantiene el panel posterior separado del cuerpo de la mochila. La idea es conseguir dos cosas: distribuir mejor la carga y permitir que el aire circule entre la espalda y la mochila.


La estructura posterior es uno de esos elementos que puede parecer innecesario cuando vemos la mochila vacía, pero adquiere mucho más sentido cuando comenzamos a cargarla. El peso de una cámara, varios objetivos, computador, baterías y accesorios puede acumularse rápidamente. Por eso, la forma en que ese peso llega a nuestro cuerpo termina siendo tan importante como la capacidad de almacenamiento.



PGYTECH utiliza en los modelos de 30 y 40 litros una estructura de doble marco, un panel posterior suspendido, correas acolchadas y un cinturón lumbar desmontable. Además, la longitud de la espalda puede ajustarse entre 48 y 51 centímetros.


Este último detalle es especialmente importante. Dos mochilas con exactamente la misma capacidad pueden sentirse completamente diferentes dependiendo de cómo se ajusten a la espalda.

En una caminata corta probablemente no será un factor determinante. Pero después de varias horas caminando por un sendero, ascendiendo por un páramo o desplazándonos con el equipo fotográfico entre diferentes puntos de una reserva natural, una buena distribución de la carga puede marcar una diferencia considerable.


La experiencia de algunos usuarios también destaca precisamente la comodidad del sistema de suspensión y la sensación de que la mochila funciona más como una mochila de trekking que como una mochila fotográfica convencional.


¿Es realmente una mochila para viajar en avión?


Aquí conviene hacer una precisión. Es fácil encontrar mochilas fotográficas que se promocionan como "ideales para viajar en avión", pero esta afirmación debe tomarse con cuidado. Que una mochila tenga 30 litros no significa automáticamente que pueda utilizarse como equipaje de mano en cualquier aerolínea.


La OnePro Ultralight 30L mide oficialmente 55 × 33,5 × 14,5 cm en su configuración externa. Estas dimensiones pueden ajustarse a determinados límites de equipaje de cabina, pero pueden superar las medidas permitidas por algunas aerolíneas, especialmente cuando hablamos de equipaje personal que debe colocarse debajo del asiento. De hecho, usuarios que han evaluado la mochila específicamente para vuelos han señalado esta preocupación.



Por eso no la consideraría una mochila "universalmente aprobada para cabina".

La considero más bien una excelente candidata para viajar con el equipo fotográfico como equipaje de mano, siempre que previamente revisemos las condiciones de la aerolínea con la que vamos a volar.

Y aquí aparece otra de sus ventajas: al tener un diseño relativamente flexible en la parte superior, podemos mantenerla en una configuración más compacta cuando no necesitamos utilizar todo su volumen.


Para un viaje en el que el objetivo sea llevar únicamente lo necesario, 30 litros pueden ser suficientes para conseguir una combinación muy interesante entre equipo fotográfico y objetos personales.


En mi caso, volé con ella en un vuelo internacional y un par nacionales sin inconveniente.

La clave está en no llevarlo todo


Creo que esta es, en definitiva, la idea que mejor define a la OnePro Ultralight 30L.

No es una mochila diseñada para solucionar el problema de un fotógrafo que quiere llevar todo su equipo.


Y eso, lejos de ser un defecto, puede ser precisamente una de sus mayores virtudes.

Una mochila de 30 litros nos obliga, de alguna manera, a pensar antes de empacar. ¿Realmente necesito dos cuerpos? ¿Voy a utilizar tres teleobjetivos? ¿Necesito llevar el macro si el viaje está enfocado principalmente en paisaje? ¿Puedo utilizar un zoom versátil en lugar de llevar varios objetivos?

Cuando viajamos en avión y después debemos caminar durante horas, esas preguntas dejan de ser simplemente una cuestión de organización. Se convierten en una cuestión de comodidad.

Para un viaje fotográfico ligero, por ejemplo, una configuración compuesta por un cuerpo de cámara, un gran angular, un zoom teleobjetivo relativamente compacto, baterías, filtros, tarjetas, computador y algunos elementos personales puede encontrar un buen equilibrio dentro de esta mochila.

Naturalmente, la situación cambia si nuestro trabajo requiere un superteleobjetivo, dos cuerpos profesionales o una gran cantidad de accesorios.


Por eso, más que hablar de una mochila que sirve para cualquier fotógrafo, creo que es más justo definirla como una mochila para quienes están dispuestos a seleccionar cuidadosamente su equipo.

Más allá de la cámara


Hay otro aspecto que me gusta de este concepto: cuando sacamos el equipo fotográfico, la mochila no pierde completamente su utilidad. El espacio puede utilizarse para transportar ropa, una chaqueta, alimentos, elementos personales o equipo para una salida de campo. Cuenta además con puntos externos de fijación para accesorios, posibilidad de transportar bastones de trekking y correas de compresión para asegurar elementos como un trípode. También incluye una cubierta impermeable para lluvia en las versiones de 30 y 40 litros.


Los cierres YKK resistentes al agua y el bolsillo oculto para AirTag son otros pequeños detalles que muestran que la mochila ha sido diseñada pensando no solamente en el estudio o en una sesión fotográfica, sino en desplazamientos y actividades al aire libre.

Y esto es importante porque una mochila fotográfica realmente útil para viajar no debería obligarnos a utilizarla únicamente cuando llevamos una cámara.


Mi primera lectura de la OnePro Ultralight 30L


Después de revisar sus características y diferentes experiencias de uso, creo que el mayor atractivo de la OnePro Ultralight 30L no está en una característica aislada, sino en la combinación de varias de ellas. Tenemos una mochila relativamente ligera, con una estructura de transporte inspirada en el mundo del trekking, un sistema fotográfico modular, acceso posterior y lateral, espacio para computador, capacidad de expansión y diferentes puntos para transportar accesorios.


Todo esto dentro de un volumen que, para un fotógrafo acostumbrado a viajar con mucho equipo, puede parecer inicialmente limitado, pero que precisamente invita a hacer una selección más inteligente.



Para mí, ese es el verdadero concepto detrás de esta mochila: no llevar más, sino llevar mejor.

En un viaje de fotografía de naturaleza, donde posiblemente tengamos que tomar un avión, desplazarnos en vehículo, caminar varias horas y cambiar de escenario constantemente, una mochila no debería ser solamente un contenedor para cámaras y objetivos. Debe acompañarnos durante todo el recorrido.


Y ahí es donde la OnePro Ultralight 30L empieza a tener sentido. No pretende reemplazar a una mochila de gran capacidad para una expedición fotográfica en la que necesitamos llevar un superteleobjetivo, múltiples cuerpos y gran cantidad de accesorios.


Su fortaleza está en otro lugar: ser una mochila suficientemente fotográfica para proteger y organizar nuestro equipo, pero suficientemente versátil para seguir funcionando cuando dejamos de hacer fotografías.

Y probablemente esa sea una de las razones por las que resulta especialmente atractiva para quienes viajamos en avión y queremos mantener nuestro equipo fotográfico cerca, reducir el peso y evitar convertir cada desplazamiento en una operación logística.



Para finalizar, les comparto mi configuración fotográfica para viajar con la OnePro Ultralight 30L:


Una de las preguntas que más me interesaba responder antes de utilizar la OnePro Ultralight 30L era muy sencilla: ¿qué equipo fotográfico puedo llevar realmente dentro de una mochila de 30 litros?

Porque una cosa es hablar de la capacidad que declara el fabricante y otra muy diferente es enfrentarse a un equipo fotográfico real.


En mi caso, además, no suelo viajar con una configuración especialmente pequeña. Mi fotografía está principalmente orientada a naturaleza, fauna y paisaje, por lo que necesito combinar objetivos muy diferentes. En un mismo viaje puedo pasar de fotografiar un paisaje de gran formato a trabajar con aves o pequeños detalles de la biodiversidad.


Una configuración bastante representativa de mi equipo estaría compuesta por:

  • Canon EOS R5 Mark II.

  • Canon RF 15-35 mm f/2.8L IS USM.

  • Canon RF 24-105 mm f/4L IS USM.

  • Canon RF 100-500 mm f/4.5-7.1L IS USM.

  • Extender Canon RF 1.4x.

  • Baterías x 3.

  • Tarjetas de memoria.

  • Filtros fotográficos.

  • DJI Osmo Action 5

  • Binoculares 10x32 Vortex

  • Trípode Falcam Tree Root

  • Mini kit limpieza cámara

  • Algunos accesorios personales y de campo (botella agua, chaqueta impermeable, gorra, libreta, gafas sol, etc).


Este es el el equipó que lleve a la última travesía fotográfica al Archipiélago de Galápagos en Ecuador  a principio de año y el morral se comporto perfecto durante las jornadas de caminata e incluso durante los trayectos en bote y avión.





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