La desaparición del glaciar de los Cerros de La Plaza: memoria de un paisaje que se desvanece
- Rafael Serrano Esguerra
- hace 1 hora
- 4 Min. de lectura
Hace unas semanas nos despertamos con la noticia de la desaparición del glaciar en los Cerros de La Plaza, en el Parque Nacional Natural El Cocuy, Güicán y Chita, hecho que ha generado gran revuelo entre los colombianos. Este es el reflejo de un paisaje cambiante, que se transforma bajo las condiciones climáticas actuales y que hoy nos enfrenta, de manera directa, a la evidencia tangible del cambio climático en nuestras montañas.

La extinción de este glaciar, confirmada en marzo de 2026 por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), no fue un evento repentino, sino el resultado de un proceso lento y sostenido que se intensificó en las últimas décadas. Lo que alguna vez fue una masa de hielo de aproximadamente 5,5 km² a mediados del siglo XIX se redujo a tan solo 0,15 km² en 2016, hasta desaparecer por completo en la actualidad. Hoy, su cobertura es simplemente inexistente.
Más allá del dato científico, esta pérdida representa una transformación profunda del paisaje andino. Los glaciares no son únicamente cuerpos de hielo: son archivos vivos del clima, reguladores hídricos y elementos fundamentales en la dinámica de los ecosistemas de alta montaña. Su desaparición implica alteraciones en la disponibilidad de agua, en la estabilidad de los suelos y en la vida que depende de estos entornos.

Las causas detrás de esta extinción son múltiples y convergentes. El aumento sostenido de la temperatura global, la disminución de las precipitaciones en forma de nieve y la ubicación del glaciar a una altitud que ya no garantiza su permanencia han acelerado su desaparición. En los Andes tropicales, donde las condiciones climáticas son particularmente sensibles, estos cambios se manifiestan con mayor rapidez, convirtiendo a los glaciares en indicadores críticos del estado del planeta.

Sin embargo, lo que quizás genera mayor inquietud es entender que este no es un caso aislado. La desaparición del glaciar de los Cerros de La Plaza forma parte de una tendencia más amplia que afecta a los glaciares colombianos y del mundo.
Como advierte el IDEAM: “la desaparición de un glaciar no es un hecho aislado, sino la manifestación visible de un sistema climático que está cambiando”. En este sentido, el país no solo pierde hielo: pierde memoria, pierde regulación natural y pierde una parte de su identidad paisajística.

Ahora bien, para muchos montañistas colombianos, la pérdida del glaciar no ocurrió en 2026, sino en 2017, cuando Parques Nacionales Naturales de Colombia decidió restringir el acceso a estas montañas, argumentando razones de conservación, cuidado y protección. Sin desconocer la importancia de estas medidas, también han surgido cuestionamientos sobre su implementación, señalando posibles debilidades en la gestión y una comprensión limitada de la realidad del territorio por parte de algunos niveles administrativos a nivel central, pocos recursos en terreno (personal y físicos) y una deficiente articulación con los diversos actores locales.

Con el paso de los años, se establecieron rutas de ingreso que, en muchos casos, solo permiten observar las montañas a la distancia. Esto ha buscado mantener la actividad turística en la región; sin embargo, también ha abierto un debate sobre el sentido y la calidad de un turismo de naturaleza que, para algunos, resulta limitado y, para otros, ha derivado en dinámicas de turismo masivo con controles insuficientes. Al mismo tiempo, estas restricciones han generado tensiones con la comunidad montañista, que históricamente ha desarrollado actividades como ascensiones, senderismo y escalada de manera responsable y planificada. En ciertos casos, esta situación ha dado lugar a prácticas informales de ingreso, lo que evidencia la necesidad de repensar los modelos de acceso, conservación y la relación con quienes habitan y recorren estos territorios.

Desde una mirada más humana y sensible, este acontecimiento también nos invita a reflexionar sobre nuestra relación con la montaña. Para quienes han caminado, fotografiado o contemplado estos territorios, la desaparición de un glaciar no es solo un dato técnico, sino la ausencia de un elemento que definía la experiencia del lugar. Es el silencioso recordatorio de que los paisajes que creemos permanentes también son frágiles.

En este contexto, la desaparición del glaciar de los Cerros de La Plaza debe asumirse como una advertencia y, al mismo tiempo, como un llamado a la acción. La conservación de los ecosistemas de alta montaña, la reducción de emisiones y el fortalecimiento de la educación ambiental se vuelven urgentes. Aún existen glaciares en Colombia, pero su futuro es incierto.
Lo ocurrido en El Cocuy no es solo una noticia: es una señal. Una señal de que el cambio climático ya no es un concepto lejano, sino una realidad que transforma, de manera irreversible, los paisajes que habitamos y que nos definen.
Paisajes de alta montaña, es un foto ensayo documental paralelo al proyecto "Alta montaña", en el cual, partiendo de la obra de Erwin Kraus, montañista y fotógrafo que realizó registros de la alta montaña colombiana durante la primera mitad del siglo XX, me he planteado redescubrir esos escenarios y paisajes que aún permanecen, los cuales a su vez, se han visto trasformados ya sea por la naturaleza misma o por el ser humano en su relación intrínseca, a través de las últimas décadas, con el fin no solo de traerlos a la memoria, sino el de resaltar, la importancia de los ecosistemas de y geografía de alta montaña de Colombia. (2015)









Comentarios