Travesía por Marruecos, un relato de viaje

Actualizado: mar 12

El inicio de todo viaje, como siempre lo he dicho comienza con su preparación, en el caso de la travesía por Marruecos, no fue diferente, la investigación (el clima, la historia, la política, la cultura, etc), el diseño del itinerario, la tramitación de la visa, la compra de pasajes aéreos y terrestres y fluviales, la verificación de equipos fotográficos y ropa necesaria, fueron entre otros, parte de estos preparativos meses atrás.


Es así, como se fue dando forma a la travesía por Marruecos, la cual comenzó en España a nuestra llegada, lo que primero que hicimos fue encaminarnos hacia la librería Desnivel, uno de mis lugares favoritos en Madrid y que siempre visito cuando he tenido la oportunidad de estar en esta ciudad, donde compramos la “Guía Azul de Marruecos”, un excelente libro de viajes, ya que contiene bastante información de cultura, historia, geografía y política. Una buena guía de viajes y mapa son indispensable para introducirnos en un país y cultura nueva.


Comenzamos nuestro viaje realizando un breve recorrido (el cual relataré en otra publicación del blog) por Andalucía, ya que habíamos planeado cruzar por medio de ferry a través del Estrecho de Gibraltar desde Tarifa a Tanger. Tarifa es un lugar interesante, en la cual estuvimos un par de días antes de cruzar a Marruecos, una ciudad acompañada de mucha historia, mezcla de culturas, monumentos y tradiciones, en donde se vive un ambiente relajado y amable con el turista, un lugar al cual volveré seguramente en otra ocasión para realizar algunos trekking que hay en la zona y experimentar su ambiente en verano.

Cuando llegó el momento de cruzar hacia Tanger en el Ferry, caminamos desde nuestro alojamiento, morral al hombro, hacia el puerto, el cual quedaba a unas ocho cuadras, en donde realizamos nuestro abordaje y trámites de salida, al son de vocablos de diferentes países, ya que con nosotros cruzaban dos buses turísticos de personas de otras nacionalidades, sonidos que se volverían familiares para nosotros durante el resto de nuestro viaje.

A nuestro arribo a Tanger, nos tomamos un momento para ver la ciudad desde el puerto, disfrutar esas primeras impresiones y realizar nuestras primeras fotos del lugar, en donde podíamos apreciar la parte antigua y nueva de la ciudad. Desde el puerto caminamos hacia nuestro alojamiento, el cual no se encontraba tan lejos, según habíamos visto en el móvil, eso sí, lo que no nos había mostrado Google mapas, era que todo el camino se encontraba en subida a través de escalinatas y callejones, lo cual fue divertido en cierta forma. Ya acomodados en nuestro alojamiento en las afueras de la Medina, nos dispusimos a alistar nuestra mochila y equipos y dar un primer recorrido al lugar, el cual visitaríamos con más calma al día siguiente, ya que disponíamos de 2 días en la ciudad antes de dar inicio a nuestro recorrido por el país.


Tánger es una ciudad de muchos contrastes, su medina y kasba son un lugares llenos de tiendas, colores y olores que capturan de inmediato en las calles encuentras personas que te hablan en español, que te invitan a entrar y recorrer los lugares. Sin embargo, es un lugar que toca tomarlo con calma, recorrerlo despacio para poder impregnarse de los detalles y la cultura, en sus calles y restaurantes comimos nuestros primeros tajin, cuscus y pinchos de kefta o cordero, platos que serían nuestro alimento durante el resto del viaje. Dedicamos todo el día a recorrer la ciudad y así terminando al son de música árabe y un te con galletas en el café Hafa, para ver el atardecer sobre el mar y el Estrecho de Gibraltar.


Al día siguiente iniciamos nuestro recorrido en nuestro alojamiento, donde nos recogió nuestro guía y chofer Juseph, con quien nos dispondríamos a recorrer parte de Marruecos hasta Marrakech, por el tiempo de una semana o un poco más. No les relataré al pie de la letra del itinerario de todos los días, si no que me detendré, esos sitios que marcaron el viaje.


Ese primer día salimos de Tánger rumbo a las montañas del Rif, a Chefchaouen o Chaouen, la “ciudad azul”, realizando algunas paradas en el camino, entre esas Tetúan capital del antiguo protectorado español, una de las pocas ciudades donde existen descendientes de los españoles que habitaron en la zona tiempos atrás y en la cual coexiste sin problemas mezquitas e iglesias.



Chefchaouen, es una ciudad que permaneció aislada del mundo hasta la década del 60 del siglo pasado, lo cual permitió que continuara con la tradición de sus construcciones y color peculiar. Tuvimos oportunidad de recorrer la ciudad por completo y debo decir, que me deleité fotografiando sus calles, mercados y paisajes urbanos, los cuales gracias a su tonalidad azul, a medida que va cambiando la luz del sol, permite rescatar la vida de sus calles, los contrastes, colores y sombras de esa cotidianidad única del lugar.

El color azul es una tradición que trajeron los judíos quienes habitaron la ciudad y hace referencia al cielo sinónimo de la libertad para estos, pero al mismo tiempo, el color azul sirve para protegerse de los mosquitos y otras plagas que en su momento azotaron la ciudad.

Finalmente al atardecer realizamos una caminata a la mezquita Bouzaafer, la cual se encuentra una montaña justo frente de la ciudad, desde donde se puede contemplar como caen los últimos rayos de sol a la ciudad y el valle en el que se encuentra.

Continuando con nuestro viaje, el siguiente destino, sería la ciudad de Fez, cruzando los pueblos montañosos de Jbala, paisajes que no dejaban de sorprendernos. Fez, es considerada como el centro religioso y cultural del país, donde se encuentra la primera universidad del mundo, fundad por una mujer, Fátima al-Fihr, quien utilizó todo su dinero para proporcionar a la gente de Fez un lugar para su educación.

Esta se encuentra ubicada en la medida, la cual tiene el título de ser la mas grande del mundo, un lugar impresionante, como podemos observar en la foto panorámica de la ciudad. Para visitar la medina se hace necesario el contar con un guía local, no existe aplicación de celular que funcione entre los pasadizos que conforman la ciudad, son mas de 300 barrios y 9000 callejones en los que es fácil perderse.

El mercado se encuentra dividido por especialidades, quienes venden alfarería, metalurgia, especies y los más conocidos, los trabajadores del cuero, en las curtiembres que se encuentran dentro de la ciudad, un lugar que quería conocer, por su colorido contexto cultural. Al entrar allí, se hace inminente el olor, para el cual te obsequian al entrar un manojo de hojas de menta las cuales te frotas en la nariz y realmente cumplen su efecto.

Al salir de Fez, cruzamos las montañas del medio Atlas pasando por la ciudad de Inframe, llamada también, “la Suiza de África”, un lugar que rompe un lugar que rompe inmediatamente con las ideas preconcebidas del país. Es una ciudad de arquitectura europea, techos a dos aguas, pistas de esquí y cafés al estilo europeo, todo esto, relictos de la presencia francesa en Marruecos.

Continuando con nuestro camino a través de Azrou y un parque nacional donde encontraremos imponentes bosque de cedros donde habitan los monos de Berbería, los cuales tuvimos la oportunidad de observar gracias a nuestro conductor, quien nos llevó a una zona aislada del camino.

El siguiente destino sería el desierto de Merzoga, considerado como la joya del desierto del Sahara, uno de los lugares mas esperados de nuestro viaje y del cual tenías bastantes expectativas, por información de varios conocidos que ya habían visitado el lugar. Allí nos esperaba un lugareño, un bereber que no hablaba otro idioma más que el árabe y dos palabras en español que nunca olvidare: “suujeeetate bien”, junto con sus dromedarios, quien nos llevaría a la jaima o campamento donde pernoctaríamos en el desierto.

Ya encima de los dromedarios, con nuestras mochilas al hombro (mi equipo fotográfico por supuesto, una chaqueta de plumas una muda, guantes y gorro) iniciamos nuestro camino al campamento, por alrededor de unas 3 horas tal vez un poco más, ya que realizamos varias paradas en algunas dunas y para observar el atardecer, un espectáculo realmente maravilloso.

Llegamos a la jaima ya caída la noche, un lugar fuera de este mundo, en nuestra imaginación, esperábamos un campamento bastante agreste como los que estoy acostumbrado en la montaña, pero resultó ser todo lo contrario, un lugar muy bien montado, con carpas individuales para dos o tres personas cada una, una carpa comedor y una con baño. En un principio tuvimos nuestras reservas, si estábamos en el lugar correcto, ya que habíamos optado por la acomodación más económica, pero al hablar con los encargados del campamento, quienes nos dieron un te de llegada se aclaró todo, si era nuestro lugar.

El frió en la noche en el desierto, es fuerte, pero como veníamos de España en época de invierno, contábamos con lo necesario, para pasar una buena noche, en la cual aprovechamos para hacer algunas fotografías y planear el amanecer al día siguiente, el cual para mi era uno de los momentos claves del viaje.

Es así como a las 5 de la mañana, alistamos nuestro equipo (cámara, trípode, filtros degradados e invertidos) y salimos en busca de la locación que tenía vista el día anterior. Eso sí, debo decir que si en la noche hacía frío, en la madrugada era el doble, por lo tanto salimos con toda la ropa puesta que habíamos llevado con nosotros a esperar la salida del sol, la cual aprovechamos hasta ya pasadas las 7 de la mañana, hora en la cual tomamos el desayuno y nos preparamos para regresar, en nuestros dromedarios al inicio del desierto y así continuar nuestro viaje.

Continuamos nuestro viaje, haciendo una parada en el pueblo de Merzouga, donde recorrimos su merado tradicional, pasando por algunas tiendas de especias y el mercado de burros, entre otros. De allí seguíamos hacia el valle del Dades y las Gargantas del Dodra, pasando por valles de cultivo de rosas, argán y el valle de las mil kasbahs. Cañones que sorprenden, ya que ha pesar de lo duro del clima y la topografía, encontramos zonas verdes, donde florece la vegetación a través de los poblados de bereberes, todo esto gracias al agua que baja de las montañas del Atlas y pequeñas escorrentías que dan vida a los valles.

Ya aproximándonos a nuestra llegada a Marrakech, pasamos por Ourzazate y Ait ben Haddou, un espectacular pueblo de arcilla patrimonio de la UNESCO, el cual ha sido escenario de innumerables películas, como Laurece de Arabia, Gladiador, Babel o el Principe de Percia entre otras.

Finalmente terminamos nuestro viaje con la llegada a la “ciudad roja” Marrakech, donde estuvimos un par de días con el propósito de recorrer la ciudad, su medina y kasbah y así empaparnos un poco más de la cultura de la ciudad, la cual es realmente impresionante. Debo decir que la Plaza de Yamma el Fna, la cual es patrimonio cultural inmaterial de la humanidad es un lugar vivo y cambiante, que nos dejo un buen recuerdo.


 Todas las imágenes © by RAFAEL S. E. PHOTOGRAPHY.        |        rafasees@rafaelse.com        |        Contacto

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