Sobre ayudar y la necesidad de contarlo
- Rafael Serrano Esguerra
- 13 ago
- 4 min de lectura
Hay algo que últimamente me genera cierta incomodidad cuando veo imágenes de situaciones de emergencia en redes sociales.
No es la solidaridad. Al contrario. Me parece valioso ver cómo, frente a una tragedia, muchas personas son capaces de dejar de lado sus propias preocupaciones para ayudar a otros. Hay quienes donan, consiguen alimentos, transportan personas, organizan colectas o simplemente ponen su tiempo y sus capacidades al servicio de quienes lo necesitan. Esa solidaridad merece ser reconocida.
Lo que me cuestiona es otra cosa: la necesidad que algunas veces parece existir de registrar absolutamente todo.
La entrega de una ayuda, el abrazo a una persona afectada, el rostro de alguien que acaba de perderlo todo, la casa destruida, el momento de angustia. Todo termina convertido rápidamente en una fotografía, un video o una historia que compartimos con nuestros seguidores.
Y entiendo que las redes sociales pueden ser una herramienta extraordinaria en estos casos. Gracias a ellas se pueden conseguir recursos, encontrar personas, organizar voluntarios y mostrar necesidades que, de otra manera, podrían pasar inadvertidas. Incluso una buena fotografía puede hacer que muchas personas reaccionen frente a una realidad que desconocían.
Por eso no creo que el problema sea mostrar. Creo que el problema aparece cuando la necesidad de comunicar termina siendo más importante que la necesidad de ayudar.
Como fotógrafo, esto me lleva inevitablemente a pensar en la responsabilidad que tenemos frente a una cámara. Estamos acostumbrados a buscar imágenes, a encontrar una historia dentro de una escena y a pensar cómo contarla de la mejor manera posible. Pero hay situaciones en las que la mejor decisión puede ser no fotografiar.
Una persona que está atravesando una tragedia no se convierte, por ese hecho, en parte de nuestro contenido. Su dolor no nos pertenece. Su historia tampoco.
Y ayudar a alguien tampoco significa que tengamos derecho a mostrar que lo hicimos.
Hay, sin embargo, otra situación que me parece importante mencionar. También existen fotógrafos que utilizan su propio trabajo como una herramienta para ayudar durante una emergencia: venden fotografías y destinan parte o la totalidad de los ingresos a una causa, donan obras, organizan exposiciones, subastan impresiones o ponen su trabajo y su audiencia al servicio de quienes lo necesitan.
Creo que eso no solamente es válido, sino que puede ser una manera muy valiosa de contribuir.
Pero también creo que debe hacerse con mucha claridad y ética. Decir exactamente qué se está donando, cuánto se destina a la causa, durante cuánto tiempo, quién recibe los recursos y, cuando sea posible, mostrar posteriormente los resultados. No debería existir ambigüedad entre una acción solidaria y una estrategia comercial o de posicionamiento personal.
No me parece mal que un fotógrafo visibilice su trabajo mientras ayuda. Todos vivimos de nuestro trabajo y nuestro oficio también tiene un valor. Lo importante es no utilizar la tragedia de otros como una excusa para promocionarnos sin que exista un aporte real detrás.
La diferencia puede parecer pequeña, pero para mí es fundamental: una cosa es poner nuestro trabajo al servicio de una causa y otra muy distinta es poner una causa al servicio de nuestro trabajo.
También pienso que en una emergencia debemos preguntarnos si nuestra presencia realmente aporta. A veces creemos que estar allí significa ayudar, cuando en realidad podemos terminar ocupando espacios, dificultando el trabajo de quienes están atendiendo la situación o aumentando el número de personas que necesitan ser atendidas.
No siempre ayudar significa ir. A veces significa quedarse atrás y hacer desde otro lugar aquello que realmente puede ser útil.
Puede ser una donación, conseguir recursos, compartir información confiable, conectar a alguien con quien pueda ayudar o utilizar nuestra propia audiencia para movilizar apoyo. Y sí, también puede significar documentar, siempre que la historia y la dignidad de las personas estén por encima de nuestra necesidad de aparecer.
Quizás por eso hay una pregunta que cada uno debería hacerse antes de publicar una acción solidaria: Si nadie pudiera saber que estuvimos allí, ¿igual lo habríamos hecho?
Me parece una buena manera de revisar nuestras propias motivaciones. No porque ayudar en público esté mal. No porque todo deba hacerse en silencio. Y mucho menos porque debamos dejar de comunicar las emergencias.
Al contrario: necesitamos comunicar. Necesitamos que las personas sepan lo que está ocurriendo y que quienes pueden ayudar encuentren una manera de hacerlo. Pero también necesitamos aprender a diferenciar entre contar una realidad para generar solidaridad y convertir esa realidad en un escenario para nosotros.
En lo personal, creo que una de las cosas más difíciles detrás de una cámara no es encontrar una buena fotografía. Es saber cuándo no hacerla.
Y también saber cuándo nuestra fotografía puede convertirse en una herramienta para aportar, siempre que seamos transparentes con lo que estamos haciendo y no en algo negativo. Porque al final, frente a una emergencia, lo importante no debería ser quién consiguió la mejor imagen, quién obtuvo más reproducciones o quién pudo demostrar que estuvo allí. Lo importante es que alguien haya recibido ayuda.
La foto que aparece en la versión web del blog es una imagen de una calle en la Ciudad de Pereira y algunas casa colapsadas durante el sismo del 10 de agosto de 2026 en Colombia. El autor e la foto es Oswaldo Toro (Montes Andinos), quien me hizo el favor de enviarme la imagen mientras realizaba labores de acompañamiento y destinación de donaciones en la ciudad.


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